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Evolución de la marihuana

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Gracias a la capacidad de evolución de la marihuana y a su gran adaptación al medio en el que se encuentre, a día de hoy disponemos de una gran cantidad de variedades Landrace, que nos permiten desarrollar una infinidad de cruces, obteniendo toda clase de estructuras, sabores y efectos.

Conocemos como Landrace a esas variedades que crecen silvestres por todo el planeta, las cuales han ido evolucionando, adaptándose a las condiciones climáticas de cada zona, en un proceso que ha transcurrido durante miles de años.

Historia del cannabis

Se sabe que la planta de cannabis sativa procede originalmente del sur y del centro de Asia, pero que ha conseguido expandirse por todo el mundo, aunque no sabemos si debido al hombre o por causas naturales. Los primeros indicios de consumo de cannabis se remonta a hace más de 12000 años, donde los habitantes de estas cálidas tierras hacían uso tanto de la planta del cannabis como de sus extracciones, para un gran número de aplicaciones medicinales y religiosas.

Lo siguiente que conocemos es que algunos países de los alrededores comienzan a utilizar las fibras de cáñamo para la fabricación de todo tipo de telas, convirtiéndose en uno de los materiales más utilizados aproximadamente sobre el 8000 a.C. Sobre el 2000 a.C, la planta del cáñamo toma un uso todavía más medicinal, cuando las semillas de estas se incorporan a los elementos básicos de la medicina tradicional china, gracias a su composición rica en proteínas, ácidos grasos esenciales, vitaminas y minerales.

Tipos de genéticas

Índicas

Las plantas índicas reciben ese nombre debido a la gran importancia que tienen en la India, donde la obtención de charas y otros tipos de resinas de estas plantas, forma parte de su cultura. Eso no significa que únicamente crezcan en esta zona, podemos encontrar Landraces sativas repartidas casi por toda Asia, aunque especialmente en puntos como Afganistán o el Tibet. También podemos encontrar increíbles índicas en el Norte de América o Australia, aunque estas son más difíciles de encontrar.

Estas genéticas tienden a desarrollarse rápido, pues crecen en puntos donde el invierno es más duro y frío, lo que les obliga a acelerar el proceso. Están acostumbradas a un gran impacto lumínico por el día y temperaturas extremas por la noche, motivo por el cual su capacidad de producción de resina es mayor, y por el que tienden a mostrar tonalidades moradas o rojizas en muchas ocasiones.

El crecer en zonas secas, el cogollo tiende a mostrarse duro, pues la aparición de hongos es casi imposible en su medio natal, motivo por el que hay que prevenir cuando las cultivemos en nuestro clima. Al contar con luz constante, no tiene necesidad de buscar la luz, por lo que forma plantas compactas, contando con una ramificación abundante pero corta. También necesita una estructura resistente, pues el peso de los cogollos es bastante alto.

Sativas

Las variedades sativas proceden principalmente de zonas subtropicales, lo que les ha llevado a formar esas curiosas estructuras, que en nada se parecen a las plantas típicas que estamos acostumbrados a ver. Suelen desarrollarse principalmente en Centro y Sudamérica, aunque también podemos encontrar sativas de gran calibre en países africanos como el Congo o Malawi, o asiáticos como Tailandia o China.

La escasez de luz, debido a la alta frondosidad típica en estos bosques, ha obligado a la planta a estirar su estructura en busca de un mínimo de luz. El adaptar su estructura a estos bosques durante generaciones, también ha causado cierta debilidad a un impacto de luz directa sobre las plantas, motivo por el que suelen sufrir de estrés en muchos de los cultivos de exterior. Al cultivarlas en España es recomendable la utilización de mallas de sombreado, que evitarán que el impacto de luz sea tan directo, lo que permitirá a las plantas desarrollarse de una forma más tranquila.

La humedad que caracteriza estos bosques también ha sido un factor clave para su desarrollo, pues ha conseguido afectar directamente a la densidad y forma del cogollo, consiguiendo que tomen una forma más alargada y abierta. A simple vista se puede diferenciar con rapidez el cogollo sativo, pues no está compuesto únicamente por una bola dura, sino que al cogerlo se puede apreciar que está formado por pequeños cogollos laterales, que se van uniendo unos encima de otros aportándole forma alargada y simulando cuernecillos.

Ruderalis

La Ruderalis es una genética muy especial, procedente de las montañas de Siberia, la cual ha conseguido reducir su ciclo vital únicamente a 2 meses de vida. Esta variedad es conocida desde hace mucho tiempo, aunque no se le ha reconocido la importancia que se merece hasta hace unos pocos años.

Esta genética muestra unos niveles de THC del 0%, lo que la había llevado al rechazo de todo tipo de criadores, pues su descendiente mostraría una potencia inferior a la otra planta utilizada. Otro punto negativo de esta genética es su diminuto tamaño y su capacidad de producción mínima, por lo que con tantas cosas es contra nadie quería añadirla a su catálogo de variedades.

El punto fuerte de esta cepa que ahora se ha vuelto indispensable en todos los bancos de semillas, es su capacidad de floración automática, sin depender de horas de luz. Este descubrimiento fue un salto para los cultivadores urbanos de exterior, los cuales siempre tenían problemas de estrés por excesos lumínicos, causados en mayor parte por las farolas o la luz de los coches. Gracias a esta genética estos problemas quedan eliminados totalmente, permitiendo además aprovechar la temporada de cultivo al máximo, pues podrán realizar hasta 4 cosechas por año.

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